La violencia machista, otra forma de terrorismo






Hace  unos meses nuestro presidente del Gobierno, Mariano Rajoy, y otros muchísimos presidentes y altos cargos gubernamentales se manifestaron en París por el atentado a la revista satirica francesa "Charlie Hebdo". Esta manifestación se llevó a cabo para dar la voz de alarma en toda Europa. A día de hoy, más de  60 personas (mujeres, niños y niñas) han sido asesinadas en lo que va de año. No han sido asesinadas por yihadistas o etarras, sino por el terrorismo machista, en su mayoría por sus parejas o sus exparejas. Los atentados mortales del semanal francés provocaron que se diera la voz de alarma por parte de las instituciones sobre lo peligroso que era el yihadismo en toda Europa. Sin embargo, nadie pone el grito en el cielo por las más de 60 víctimas mortales que corren a cuenta del terrorismo machista tan solo en lo que llevamos de año en España.

No  pretendemos, ni muchísimo menos, decir que unas vidas valgan más que otras, sino todo lo contrario: hacer hincapié en que las vidas de las mujeres, para estas instituciones, parecen valer mucho menos que las de las víctimas mortales de otros movimientos terroristas. Sin embargo, los feminicidios ocurren a diario. ¿Nos imaginamos qué pasaría si, por ejemplo, esa cifra de asesinatos estuviera firmada por el Estado Islámico? Se llenarían las portadas a diario, en los bares no se hablaría de otra cosa, ni en casa, ni en el autobús.


La situación actual de feminicidios en España es de emergencia social. Sin embargo, no hay comparecencias de Ministros, ni reciben a las víctimas de violencia machista en sus despachos, ni la alarma antiterrorista ha aumentado, ni parece que las más de una docena de mujeres asesinadas en dos semanas sean suficientes para que este feminicidio sea un tema principal en la agenda política y mediática. Los asesinatos machistas no son casos aislados, son una suma de violencias interconectadas que no se ha sabido prevenir, y ante la que no se ponen las medidas necesarias para evitarlos. 
Lejos de ello, el Partido Popular seguirá dotando a la prevencion de la violencia machista un presupuesto irrisorio , seguirá sin agilizar los procesos judiciales y sin poner en marcha las medidas necesarias para acabar con los feminicidios. Lejos de ello, tendremos a un Joaquín Leguina hablando de denuncias falsas, como ya hizo hace unos días vía Twitter. Denuncias falsas que, por cierto, son un 0,010% del total según la Memoria de 2014 de la Fiscalía General del Estado; luego sí, la frase de Leguina era machista y mentira. Lejos de ello, lejos de evitar el feminicidio y la violencia machista, habrá silencio por parte de las instituciones o campañas que hacen responsable a la víctima de su "salida" del maltrato.
Hace un mes el Gobierno presentó el estudio “Hay salida” sobre Violencia de Género. Este estudio se centra en su mayoría en si existe o no denuncia por parte de las víctimas. Toda la presión, y por lo tanto toda la responsabilidad frente al maltrato se traslada a la víctima. Ni el estudio, ni los vídeos virales que se lanzaron por redes sociales y televisión iban dirigidos a agresores o a posibles agresores. De por sí, el nombre del estudio es “Hay salida” y no “No maltrates”, que deja muy claro las prioridades. Las diferentes formas de violencia machista que se presentan están diluidas por la agresión física, y prácticamente no se señaliza toda una serie de violencias invisibles como la humillación, la infantilización, el control, etc. De hecho, Susana Camarero, Secretaria de Estado de Igualdad y Servicios Sociales, afirmó: “Descubrimos con preocupación la violencia de control, y que todavía 1 de cada 3 jóvenes lo considera aceptable”. ¡¿Pero cómo no lo van a considerar aceptable si nadie les interpela  directamente para decirles que está mal?! ¿Cómo no lo van a considerar aceptable si el único mensaje, y a cuenta gotas, que les llega es: “Si la maltratas a ella, me maltratas a mí”, en referencia a una figura masculina, por supuesto? 



Pocas veces se hace referencia directa a los hombres en las campañas, y, cuando se hace, se señalizan las violencias visibles (la agresión física, la amenaza, el insulto, la violación, etc.). Nunca se interpela directamente a los hombres para decirles que vigilar nuestros móviles, que despreciar a nuestras madres, amigas, hermanas, que ignorar a nuestras amigas y no tenerlas en cuenta, que hacer chistes machistas y reírse de ellos, es violencia machista. Que ejercen violencia machista a diario, y que deben dejar de realizarla de inmediato.
Hace unos días el Congreso de los Diputados mostró su “repulsa más firme” contra la violencia de género con una  declaración institucional. Una declaración que debió estar escrita ayer, para evitar que la mujer que va a morir mañana sea asesinada. Una declaración que llega tarde y sin dotación alguna para que no sea papel mojado.
Quienes gobiernan tienen que poner todas las medidas que estén en su mano para acabar con la violencia machista. Contra los feminicidios y la violencia machista en todas sus expresiones tenemos que estar todas y todos, incluidas las instituciones. Dicen que quien calla otorga, pues el silencio que durante estos meses ha habido por parte de las instituciones las hace cómplices de esta lacra que vivimos las mujeres en esta sociedad.
Los asesinatos no son inevitables, son la maxima expresion del Patriarcado, y, sin lugar a dudas, es una cuestión de estado. Es urgente y necesario crear politicas que acaben con esta situación, porque no queremos, como gritan en Argentina, Chile y Uruguay, #NiUnaMenos. Es urgente y necesario crear politicas dirigidas a construir una sociedad más justa, más igualitaria y libre de violencias machistas, porque sin igualdad no hay democracia.